Trazabilidad química en procesos
La trazabilidad química es la capacidad de saber qué producto y qué lote se usó en cada proceso, dónde, cuándo y a qué dosis.
Tiene dos partes que se enlazan a través del número de lote. En el fabricante, el lote impreso en el envase relaciona el producto con las materias primas empleadas, su registro de fabricación y los controles realizados. En el usuario, los registros de uso relacionan ese lote con la instalación, el equipo o la superficie tratada. Si aparece una incidencia, como un resultado de limpieza anómalo, un daño en un material o una reclamación, se puede reconstruir qué se usó y, si hace falta, localizar el resto de envases del mismo lote.
En la práctica, la trazabilidad en el uso de productos de limpieza se apoya en:
- La etiqueta, con el nombre del producto, el lote y, en los desinfectantes, su número de registro.
- La ficha técnica, con la dosis y la forma de empleo, y la ficha de datos de seguridad (FDS), cuyo formato fija el Reglamento REACH, ambas en su versión vigente.
- Un plan de limpieza y desinfección que indique qué producto se aplica en cada zona, a qué concentración, con qué frecuencia y quién lo hace.
- Registros de cada operación y de su verificación: fecha, producto, lote, concentración, responsable y resultado.
- Un control de las entradas y del almacén que permita saber qué lotes hay en uso.
En la industria alimentaria, estos registros forman parte de los prerrequisitos del APPCC y se revisan en las auditorías de normas como BRCGS o IFS. En un fabricante, la trazabilidad de los lotes suele formar parte de su sistema de gestión de la calidad, por ejemplo según ISO 9001.
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