Sanitizante vs desinfectante
«Sanitizante» es un término procedente del inglés sanitizer que no tiene definición legal en la UE; aquí, lo que cuenta es si el producto es un desinfectante autorizado.
En Estados Unidos y en parte de Latinoamérica se distingue entre sanitizer (reduce la carga microbiana hasta un nivel considerado aceptable) y desinfectante (elimina los microorganismos indicados en su etiqueta), con métodos de ensayo propios. En la Unión Europea esa distinción no existe en la normativa. El Reglamento (UE) 528/2012 (BPR) define el biocida por su función: cualquier producto que se presente como capaz de eliminar o controlar microorganismos es un biocida y necesita autorización, tanto si se llama desinfectante como sanitizante o higienizante.
Lo que en Europa describe la eficacia de un desinfectante son las normas UNE-EN de ensayo y lo que declara su ficha: frente a qué microorganismos (bactericida, fungicida, levuricida, virucida), con qué norma, a qué dosis, con qué tiempo de contacto y en qué condiciones (limpias o sucias, es decir, con o sin materia orgánica añadida). Por eso, para elegir un producto conviene no fijarse en la palabra comercial y comprobar:
- que tiene número de registro en la etiqueta y la ficha;
- que la actividad declarada cubre el riesgo de la zona (por ejemplo, actividad fungicida si hay mohos);
- que la dosis y el tiempo de contacto son aplicables en la práctica;
- que el uso autorizado coincide con el previsto (superficies en contacto con alimentos, uso ambiental, ámbito ganadero…).
Un producto que solo limpia, aunque reduzca la suciedad y con ella parte de los microorganismos, no puede presentarse como desinfectante. En los planes de higiene se suelen combinar las dos etapas: primero una limpieza que elimine la suciedad y después, donde haga falta, la desinfección con un producto autorizado, ya que la materia orgánica reduce la eficacia de los desinfectantes.
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