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Tratamiento de aguas de piscinas

El tratamiento de aguas de piscinas es el conjunto de procesos físicos y químicos destinados a mantener el agua en condiciones óptimas de higiene, transparencia y seguridad microbiológica. Este proceso implica la regulación del pH, la desinfección mediante agentes oxidantes (cloro, bromo o sistemas de oxidación avanzada), la eliminación de materia orgánica, la prevención de corrosión y la inhibición del crecimiento de microorganismos patógenos. El tratamiento debe cumplir con los parámetros establecidos en la Norma UNE-EN 13108 y la Orden de Sanidad, garantizando que el agua sea segura para los usuarios mientras se minimizan los residuos químicos.

En el sector HORECA y complejos hoteleros, el tratamiento de piscinas es fundamental para mantener la experiencia del huésped y garantizar el cumplimiento normativo. Los gestores de piscinas deben implementar sistemas de dosificación continua de desinfectantes y correctores de pH, junto con análisis periódicos de cloro residual, alcalinidad total y dureza del agua. En instalaciones grandes con alto volumen de bañistas, es común utilizar sistemas de cloración con controladores automáticos que mantienen niveles óptimos de desinfectante. Instaquim ofrece soluciones específicas de tratamiento con productos que cumplen la normativa europea REACH y garantizan eficacia microbiológica sin comprometer la sostenibilidad ambiental.

En parques acuáticos y complejos deportivos, el tratamiento se intensifica debido al mayor uso y la variabilidad de usuarios. Se requieren desinfectantes potentes, sistemas de filtración eficientes y reactivos de análisis precisos para garantizar que los parámetros se mantengan dentro de los rangos seguros establecidos. Algunos complejos optan por sistemas alternativos como generadores de cloro in situ o tratamientos con ozono, que reducen la manipulación de productos químicos peligrosos manteniendo la máxima eficacia desinfectante.

El proceso típico incluye las siguientes etapas:

La correcta formulación de productos de tratamiento es crítica para evitar reacciones secundarias no deseadas, como la formación de trihalometanos (THM) o la corrosión de estructuras metálicas. Los productos deben ser específicamente diseñados para aguas de piscina, considerando la dureza del agua local, los niveles de materia orgánica y los requisitos de biocidas autorizados según la legislación vigente.

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