Microfiltración para reutilización de aguas
Separación física con membranas de poro de unos 0,1 a 10 µm que retiene sólidos en suspensión y bacterias para reutilizar o depurar el agua.
La microfiltración es un proceso de membrana impulsado por presión. El agua atraviesa la membrana y las partículas mayores que el poro quedan retenidas: sólidos en suspensión, turbidez, coloides grandes y la mayoría de las bacterias y protozoos. No retiene las sales disueltas ni la mayor parte de la materia orgánica disuelta, y su efecto sobre los virus es limitado; para eso se emplean la ultrafiltración, la nanofiltración o la ósmosis inversa, procesos para los que la microfiltración suele actuar como pretratamiento. Puede trabajar en modo frontal, en el que toda el agua atraviesa la membrana, o tangencial, en el que el agua circula paralela a la superficie y arrastra parte de lo retenido.
En la reutilización de aguas se usa para clarificar efluentes depurados, aguas de lavado o aguas de proceso antes de volver a emplearlas en usos que no exigen agua potable, como riego, limpieza de instalaciones o circuitos auxiliares, a menudo seguida de una desinfección. Si el uso final exige eliminar sales o contaminantes disueltos, la microfiltración sola no basta. En la Unión Europea, el Reglamento (UE) 2020/741 fija los requisitos mínimos de calidad del agua regenerada para riego agrícola.
Con el uso, las membranas se ensucian por acumulación de partículas, materia orgánica, incrustaciones minerales y biofilm, y el caudal disminuye. Para recuperarlo se hacen retrolavados periódicos y limpiezas químicas, normalmente alcalinas para la suciedad orgánica y ácidas para las incrustaciones, siguiendo las instrucciones del fabricante de la membrana sobre productos, concentraciones y temperaturas compatibles con su material.
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